Adela, una mujer con un trastorno mental sin diagnosticar, busca alivio en rituales populares. Incomprendida por su familia y por un sistema médico que ofrece la medicación como único remedio, vive convencida de que alguien —o algo— la observa. A veces siente su presencia: la toca, la hiere y la deja postrada en cama durante días. El único consuelo que encuentra está en la religión, lo que la lleva a visitar a una curandera y a confesar el inquietante origen de su sufrimiento.
Galicia, años 50. Tierra y tiempo de pobres donde mandan los hombres. Concha empieza el día junto a su amiga Ramona cuando aún es de noche. Sus maridos duermen. Ellas van al río a lavar el pulpo. Son pulpeiras. Es la hora de comer en la romería. Las pulpeiras venden y cortan pulpo a cien ventosas por segundo con sus afiladas tijeras. Concha tiene un problema y está sola, su marido anda por ahí. La ayuda de sus compañeras merma el daño. Concha necesita saber la causa. Esto no puede volver a pasar.
En julio de 1974, España se encamina hacia un cambio político impredecible. Carmen también cambia: su estado civil. De una vida ligada a su figura paterna a una vida ligada a su marido.
Un nahual emerge en forma animal para advertir: la tierra de Yucatán está siendo herida y profanada. Mientras avanza el megaproyecto del Tren Maya, Falú confronta su identidad y sentido de pertenencia, atrapado entre la preservación de sus raíces y las fuerzas que amenazan con borrarlas.
Moncho vive y trabaja desde hace años en una pequeña aldea de la Galicia rural. Su paz interior se ve perturbada por la llegada de Pardavila, un vecino bonachón hacia el que siente un odio irracional. Decidido a hacerle la vida imposible, Moncho contempla atónito como todos sus intentos de hacerle infeliz fracasan. Ideará entonces un plan retorcido: un crimen perfecto del que nadie pueda culparle jamás y del que ni el mismo pueda avergonzarse.